Existen varios trabajos de investigación publicados en los que se hace referencia a alteraciones de esteroides en la diabetes tipo 1. Las hormonas esteroideas son formadas en las glándulas suprarrenales y en los órganos sexuales, tanto masculino como femenino. Se considera que además de los bien conocidos factores de riesgo tales como la duración de la diabetes, la hiperglucemia mantenida durante largos periodos de tiempo, la hipertensión, y la hipercolesterolemia, las hormonas esteroideas pueden también estar involucradas en los mecanismos que desarrollan las complicaciones macro y microvasculares de la diabetes.

Sin embargo, los datos acerca de los niveles de esteroides presentes en la literatura no son inequívocos. Varios factores, tales como el tratamiento con insulina, la propia resistencia insulínica, los niveles de glucosa, la edad y el sexo, son factores que pueden parcialmente explicar las variaciones encontradas en los diferentes trabajos respecto a los niveles de este tipo de hormonas en pacientes con diabetes tipo 1, respecto a los controles.

En la mayoría de los estudios, los niveles de testosterona no diferían entre los encontrados en los sujetos normales y en los pacientes con diabetes tipo 1., excepto en los pacientes con neuropatía, con disfunción eréctil y en adolescentes, que tenían en todos los casos niveles inferiores de testosterona total. Sin embargo, ninguno de los estudios realizados relaciona los niveles de hormonas esteroideas con los de la proteína que las transporta, la globulina de unión a hormonas sexuales (SHBG). Por ese motivo, investigadores de la Universidad de Leiden, Holanda, han llevado un trabajo cuyo objetivo principal es comparar los niveles de hormonas esteroideas y las asociaciones existentes entre ellas, en un grupo de 52 pacientes varones con diabetes tipo 1. La hipótesis de trabajo sobre la que desarrollan el estudio, es determinar si las diferencias en los niveles de hormonas esteroideas entre varones sanos o con diabetes tipo 1 podrían estar determinadas por diferencias en los niveles de SHBG, que en último término podrían estar relacionados con los niveles de glucosa e insulina.

Los pacientes que integran el grupo de estudio son 52 varones de entre 30 y 45 años, y entre 2 y 15 de duración de la enfermedad. Además, se estudiaron 53 sujetos normales de la misma edad y constitución física que los pacientes. Ninguno de los pacientes incluidos en el estudio tenía nefropatía ni signos clínicos de neuropatía o retinopatía proliferativa. Ninguno de ellos utilizaba, además, ningún tipo de medicación diferente de la insulina. Entre los controles no había antecedentes de diabetes en, al menos, dos generaciones. Para realizar el estudio, todos los participantes recogieron orina durante 24 horas antes del día en el que debían acudir al centro sanitario, antes de las 9:30 horas, para que les fuera extraída una muestra de sangre en la que se determinaban diferentes parámetros bioquímicos, entre los que estaban incluidas HbA1c, las hormonas esteroideas, y la SHBG. Ninguno de los pacientes informó acerca de ningún episodio de hipoglucemia en el día o la noche anterior a la toma de la muestra de sangre.

De los diferentes resultados obtenidos en la determinación de una decena de hormonas esteroideas, los autores consideran que los pacientes varones adultos con diabetes tipo 1, y tratados con insulina administrada de manera subcutánea, tienen una tendencia al hipogonadismo, reflejado en unos niveles de testosterona libre ligeramente inferiores a los de los sujetos del grupo control, atribuible a unos niveles totales de testosterona similares a los miembros del grupo control, pero niveles ligeramente superiores de la SHBG, que se une a esta hormona. Los autores lanzan la idea de que estos niveles superiores de SHBG pueden ser debidos a unos niveles de insulina presente en el hígado inferior en los pacientes con diabetes que en los sujetos normales.

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